Suena como una utopía, pero es técnicamente factible. El Sahara podría abastecerse completamente de electricidad a Europa, mediante plantas solares térmicas ¿Dónde está el problema?

Mientras brille el sol, al mundo no le faltará energía, al menos teóricamente. Seis horas de irradiación solar en las regiones desérticas de la tierra bastarían para cubrir las necesidades energéticas mundiales durante todo un año. Los científicos sueñan desde hace más de dos décadas con poder utilizar al implacable sol del desierto como fuente de corriente eléctrica.

Ya existen proyectos concretos para llevar electricidad a Europa. El Club de Roma presentó en 2003 por primera vez el concepto de Desertec. Su idea central es que los países del Medio Oriente y África produzcan energía con ayuda de fuentes alternativas, como plantas termosolares o parques eólicos. En una primera etapa, la utilizarían para cubrir su demanda interna. Luego, a partir de 2020, también se la podría exportar a Europa.

De acuerdo con los cálculos del Centro Aeroespacial de Alemania (DLR), para cubrir las necesidades de Europa mediante plantas termosolares, sería necesario invertir aproximadamente 400.000 millones de dólares hasta el año 2050. “Suena a mucho pero, si se sacan las cuentas en base a kilowatios por hora, los costos de inversiones y funcionamiento serían inferiores a los de las centrales que utilizan combustibles fósiles”, afirma Hans Müller Steinhagen, del Instituto de Técnica Termodinámica de Stuttgart.

Desde el punto de vista técnico, no es problema llevar la electricidad hasta Europa. La energía solar sería conducida a través del Mediterráneo como corriente continua para reducir pérdidas.

El funcionamiento de las centrales termosolares es el siguiente: Grandes espejos parabólicos focalizan los rayos solares en un tubo de absorción, en el cual se calienta un aceite especial a 400 grados. Éste se utiliza entonces para producir vapor de agua el cual, a su vez, hace funcionar las turbinas que generan electricidad.

Otros países, como Marruecos, Argelia, Libia y Egipto han manifestado interés por la energía termosolar. Pero sigue habiendo un obstáculo importante: la construcción de estas plantas requiere enormes inversiones iniciales. Y muchos países no las pueden costear por sí solos.

Fuente: dw-world.de